Para bien, para mal, para más o menos. Pero todo encuentra su lugar. Yo volví a trabajar después de siete meses de exclusividad para Simón. Sé que va a sonar trilladisimo, pero fueron lejos los mejores siete meses de mi vida. Pasaron taaaantas cosas, crecimos tanto, el como bebé, yo como mamá, nosotros como familia. Sé que es un privilegio, que no para todos es una opción, pero poder haberle regalado todo ese tiempo y dedicación a Mon fue la mejor desición que pudimos haber tomado.
Así que acá estoy buscando un nuevo equilibrio. Trabajo seis horas, tres veces a la semana vengo al centro, dos días a la semana desde casa. Parace funcionar. El piojo se queda con su abuela, aprendió a tomar la mamadera y ahora también le entra a la fruta, pures, papillas y demases.
Nos vamos acomodando, en parte el despegue me hizo bien. Un poquito aunque sea, recuperar la vida de antes. Todavía tengo que aprender a manejar la culpa, a no volver corriendo, como si el mundo se viniera abajo porque el tren se atraso diez minutos. Me falta también encontrar otros espacios, para mi sola, para mi y el negro, para mis amigas. Sin trabajar era una gran disponibilidad, ibamos juntitos Simón y yo a cuanto evento había. Ahora la vida es más rutinaria, pero bueno, todo no se puede. Tal vez todo se termine de acomodar, me gane el quini y vuelva a ser una feliz mamá canguro.
Pero no me quejo, con pocas horas de sueño y sacaleche a cuestas, soy feliz. Me despierto todas las mañanas con mimos de Simón. Juega con mi pelo y le gusta poner su mano en mi boca mientras toma la teta. Se despierta con la mejor sonrisa del mundo y esos diez minutos de fiaca en la cama cargan toda la energía que necesito.
Después se va chocho con su papá, lo esperan los brazos de su abuela que lo mima y lo hace reir. Su primo Gero, los perros, un cuarto de nietos con montón de juguetes. Y yo después lo voy a buscar, a veces al medio día, a veces a la tarde. Salimos a pasear, lo llevo a las hamacas o si hace mucho frío nos quedamos en casa. Baño, comida sólida y juegos en la cama grande.
Después se va a su cuna, se duerme cantando y yo lo veo y todavía no lo puedo creer. No puedo creer que sea mio, no puedo creer lo rápido que crece, no puedo creer cuanto lo quiero. Y cambia, todos los días es distinto, todos los días aprende algo nuevo. Y va siendo él....con personalidad, con caracter. Inquieto, alegre, comprador. Vive con una sonrisa en la boca....todos dicen que es un bebé feliz.
Esta mañana después de la teta se volvío a dormir. Lo deje en mi cama mientras me cambiaba y preparada las cosas para salir. El soñaba y se reía. Estaba a las carcajadas, dormido. Simón, Mon, Monchi.....es lo más de lo más.....y yo no puedo más.
entre sabanas
Hace 6 horas.





